lunes, 26 de octubre de 2015

EL CENTRO DE DÍA PARA ANCIANOS


10 junio 2008

113.- LOS ÁNGELES DEL CENTRO DE DÍA 

Cuando he ido a recoger a mi madre al Centro de Día, me la he encontrado muy feliz y así le he preguntado: “¿cómo ha ido la cinta de música, que te he dado para cantar con tus amigas?”, … y ella me ha contestado: “¡muy bien, les ha gustado mucho y hemos estado cantando un largo rato!” … Una cosita tan pequeña, como es ésta, la ha hecho feliz, y a mí mucho más, no es tan difícil hacer feliz a los demás. Todas son canciones de los años 50 y 60, de gentes como Manolo Escobar, Juanito Valderrama, Antonio Machín o Sara Montiel, y otros del mismo estilo … Son las canciones que la gente mayor ha estado escuchando y durante tantos años a través de la radio, en la época que todavía no había televisión, y en la que muy poca gente tenía tocadiscos. Unas canciones que todos se conocen muy bien, que de algún modo les traen recuerdos agradables, aunque también les puedan recordar, que fueron tiempos pasados, que ya no volverán.

Ahora veré si puedo grabarles más canciones de aquella época, pues me ha dicho La Ángel de la Guarda del Centro: “¡¡ha sido un éxito, les ha encantado la música, y la seguiré poniendo en los próximos días!!” … Grabé un disco compacto a través del ordenador, pero después tuve que pasarlo a una cinta de casete, a través de mi equipo de música, porque allí no tienen lector de CD. Por lo que me han comentado, los gastos son demasiados elevados para poder comprar un aparato y el presupuesto ya no da para más … Es una pena, pues cada día durante 1 ó 2 horas ponen diferente música, para así alegrar un poco a la gente e intentar que se les pase el día de un modo más agradable, algo que no es nada fácil, pues a pesar de que las gerocultoras hacen lo imposible, la situación personal de cada uno de los ancianos que hay allí, no puede ser nada placentera para nadie.

Me doy cuenta del gran trabajo que tienen que hacer, para cuidar bien los casi 30 ancianos que atienden a cada momento del día, desde las 8 h. de la mañana hasta las 18 ó 19 h. que tienen abierto el local. Es relativamente grande y suficiente para las personas que asisten, se trata de una sala enorme que les permite ver todo lo que sucede allí, en todo momento pueden tener la vista sobre toda la gente, la sala está muy bien aprovechada. En la entrada tienen una pequeña cocina y donde cada mañana hacen los desayunos, para quien así lo quiera, y ya por las tardes preparan las meriendas para todos ellos. La comida diaria se la trae una empresa que se dedica exclusivamente a eso. En la entrada tienen varios butacones, para quien prefiere estar separado un rato de los demás, y desde ahí pueden ver también, a través de la cristalera, a la gente que pasa por la calle, es una forma de estar cerca del resto del mundo, que sigue rodando como si aquello no existiera.

La enorme sala tiene un lugar algo más reservado en el fondo, se trata de la zona en la que se ubican los percheros y donde los ancianos dejan sus abrigos, sus chaquetas, sus bufandas y lo que sea necesario. Además tienen una mesa enorme con un montón de sillas, donde se sientan durante un tiempo del día para hacer diferentes manualidades, son pequeñas cosas que pueden entretener a la gente durante todo el tiempo que están allí, y lo que también son muchas horas continuas, sin poder salir ellos solos a la calle. El resto de la sala es un espacio cuadrado con un montón de butacones en círculo, allí se sientan todos para hacer su charla, para rezar el rosario, para cantar y para lo que haga falta. En el centro es allí donde hacen sus bailes y sus ejercicios físicos, aunque sé muy bien que no todos pueden cantar o bailar, hay algunos que no pueden, ni siquiera hablar o caminar.

Al llegar el tiempo de la comida, transforman el espacio en un gran comedor, allí se preparan las mesas y allí come todo el mundo, y yo sé que lo hacen sobre las 13 h., cuando llega la comida preparada y además un par de camareras extras, pues, aunque siempre hay 2 ó 3 gerocultoras durante todo el día, al llegar este momento ya no son suficientes. Basta verlas con el trajín que tienen a primera hora de la mañana, cuando comienzan a llegar los “compañeros de trabajo”, y como les llama mi madre. Tienen también un televisor para quien quiera ver algún programa, y aunque no queda más remedio que adaptarse a lo que mande “la jefa”, pues tienen marcados unos horarios para cada cosa y hay que cumplirlos. Es un lugar parecido a un “hotelito con todo incluido”, pero con una gran diferencia, … que no tienen la libertad de poder moverse fuera de allí, pues también es una mezcla de cárcel y asilo.

Tienen además 2 cuartos de baño bastante grandes, adaptados para cualquier minusvalía, con puertas grandes para poder entrar en una silla de ruedas, con todo tipo de compresas, pañales, toallas y lo menos imaginable para que no falte nada, y además de una limpieza impresionante. Yo he visto que tienen que ayudar a varias personas, durante el tiempo que usan el cuarto de baño, no debe serles nada fácil tener que cargar con ellos, y después, tener que encargarse de que su aseo sea lo más correcto posible. Ya la intimidad de esas personas mayores desaparece, cuando están allí dentro, ya que de nuevo se convierten en niños, y a quienes hay que cambiar pañales o limpiar el culo. Hay también un espacio reservado para pequeñas curas, con botiquín completo y con todo lo que puede ser necesario, en cualquier momento de emergencia. Tienen además un sistema específico para dar a cada persona, los medicamentos que le corresponden, y en las horas que deben hacerlo, es algo que deben seguir a rajatabla y de acuerdo con lo que los hijos les han encomendado.

Por último también hay un pequeño lugar reservado para el director, quien además de tramitar todos los papeles necesarios, preparar las facturas, los pagos y los cobros, y todos los trabajos administrativos, es el psicólogo del Centro que atiende a la gente en lo que puede. Allí tiene su mesa y su ordenador, y a través de una ventana con persiana puede controlar también todo lo que pasa afuera, tanto él como cualquiera de las gerocultoras, que puedan estar allí dentro y en algún momento determinado. Disponen también de un coche con conductor y que utilizan para transportar a las personas que así lo solicitan, y tienen un par de recorridos que hacen cada día, para recoger y devolver a quien sea necesario, y aunque por lo que yo tengo visto, la mayoría acuden allí a pie o les acompaña alguien en su coche.

Es todo un espectáculo cuando llegamos allí cada mañana, normalmente lo hacemos sobre las 9 h., es cuando comienzan a llegar la mayoría, aunque otros han llegado antes y otros llegan más tarde, hay una total libertad en el horario. Mi madre desayuna cada mañana en casa y aunque también puede hacerlo allí, de manera que al llegar, se sienta en alguno de los butacones vacíos y comienza su charla, contándole a los demás las pequeñas cosas de la vida diaria … Yo suelo quedarme allí un rato y mientras hago alguna charla con las chicas, son todas muy agradables en el trato, aunque yo no las quiero enredar, pues es cuando tienen más sobrecarga de trabajo. Una de ellas se encarga de recibir a la gente mayor y ayudarlas a instalarse, y mientras que la otra se encarga de preparar los desayunos y poner las mesas, retirar los platos y vasos, lavarlos después y volverlos a poner en su sitio. Tienen un sistema de turnos, pues por la tarde cuando regreso siempre encuentro a dos personas diferentes.

Entiendo que les puede ser un poco lioso, pues cada uno de los ancianos, tiene un desayuno y comida más o menos diferente y con diferentes medicinas, y deben tener los ojos bien abiertos para no equivocarse en estas cosas, y cada uno tiene su problema de salud específico, algunos no pueden comer grasas, otros no pueden tomar café, otros no toleran la leche, y así cada uno tiene su propia y personal dieta. Tal vez, lo más triste, es que tienen que ayudar a algunos de ellos, porque no pueden hacerlo por sí mismos, es muy triste que sea así, pero al menos tienen a alguien que les ayuda a comer. Las chicas deben tener una gran paciencia, sé que no es nada fácil en algunos casos, estoy llegando a conocer a todos ellos, yo mismo me doy cuenta de que están haciendo un trabajo, que estos mismos ancianos nunca les reconocerán, y yo diría, ¡¡que tampoco les reconocen sus propias familias!!.

Hay personas con diferentes problemas, y hay algunos que aparentan no tener ningún achaque, pues he visto que entran y salen a las horas que quieren y cuando así lo quieren. Normalmente, tienen siempre la puerta del local bien cerrada con llave, es la forma de controlar quién entra y quién sale, pues he visto alguna persona que no tiene la cabeza en su sitio, y pretende salir sin poder hacerlo. Las chicas deben poner mucho orden y tener siempre los ojos bien abiertos ante cualquier circunstancia. Entiendo que no es un trabajo nada fácil sino todo lo contrario, aunque puede ser muy gratificante, por todo el cuidado que dispensan a la gente, y sin embargo estoy convencido de que, ya cuando terminan la jornada, deben estar todas muy cansadas del día, y esperando llegar a casa para dedicarse “al dolce far niente”. 

Hay algunas personas que realmente tienen problemas muy serios, y yo no quiero preguntar los detalles pues entiendo que no debo hacerlo, ésta es la privacidad del Centro y de cada persona, hay quien está en silla de ruedas, hay quien no puede hablar, hay quien tiene un tic nervioso y que le hace mover la cabeza constantemente. Hay una mujer que me da mucha pena, y porque está bastante ida, es imposible hablar con ella, no sé si ese lugar es el más apropiado para ella, yo pienso que necesita cuidados especiales que, y aunque allí se los den, también roban mucho cuidado al resto de personas, ya que han de dedicarle más tiempo que a los demás … Algunos tienen problemas físicos, otros tienen pequeños problemas mentales o los deterioros cognitivos más normales en estas edades, pero está muy claro, ¡¡que hay que tener grandes agallas para este trabajo!!.

Me encanta el trato que las gerocultoras dan a mi madre y a toda la gente mayor, sin olvidarme del trato que también me dan a mí, yo sé que deben tener mucha paciencia, la gente mayor se convierte también en niños. La gran sonrisa que cada mañana encuentro, en una de las Ángeles de la Guarda, no tiene precio, es la mujer que allí trabaja y que mi madre conocía de antes, por vivir cerca de su casa, es la misma que cada mañana le dice: “¡¡qué guapa vienes hoy!!”, … “¿y de dónde has sacado estas flores?” …

Atención: texto del libro "Tres hermanos y una madre" - Diario de un karma familiar (I) - El Juego del Escondite (la pérdida), inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual (España), y protegido por derechos de autor. D.F. Nomemientas Gavilán.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una descripción muy exacta del Centro de Día, y muy hermosas tus referencias al lugar, realmente ha sido el hogar de mucha gente, es una pena que lo hayan cerrado hace un par de años. Yo creo que mucha gente del barrio lo añorará, lo mismo que a las Ángeles de la Guarda, como así las llamas. Un saludo y un recuerdo de alguien que conociste allí, yo recuerdo muy bien verte llegar con tu madre muchas mañanas, y lo guapa que iba siempre. Pilar.

DF. Nomemientas Gavilán dijo...

Verdad, mi madre siempre iba lo mejor posible, yo la cuidé como si fuera mi hija, nunca nadie podrá decir que no la atendí como se merecía, de la misma forma que ella hizo por mí y por sus otros hijos. El Centro de Día lo cerraron, igual que ha sucedido con otros, debido a la crisis económica, muchos ancianos que pagaban un lugar así, han debido dejar su pensión a los hijos, para que ellos les cuidaran, ya que algunos hijos se quedaron sin trabajo, son cosas que pasan a veces en la vida. Gracias por estar en esta página y por comentar, te deseo lo mejor del mundo.

Anónimo dijo...

Una hermosa descripción de lo que es un Centro de Día para ancianos, un bello relato del gran trabajo que hacen las gerocultoras y los cuidadores y cuidadoras familiares, cuando tienen a sus padres en su propia casa. No es un trabajo fácil, pero al mismo tiempo es el trabajo que hubieron de hacer nuestros padres por nosotros, cuando éramos bebés y niños. Un reconocimiento para todos ellos, sobre todo para los padres que cuidaron a sus hijos y muy principalmente para los hijos que después cuidaron de sus padres. Repito, solamente para los hijos que cuidaron de sus padres ancianos, no para los hijos que se desentendieron de lo que también era su obligación, algo que por desgracia sucede en muchas familias. Enhorabuena por el blog.

DF. Nomemientas Gavilán dijo...

Agradezco el comentario, realmente hay muchos hijos que se desentienden del cuidado de sus padres, por desgracia, no saben devolver lo que un día recibieron.