Érase una vez un hombre de mediana edad, decepcionado de la vida y del amor, decepcionado de un mundo que no era como él se esperaba, decepcionado de gente que solamente ambicionaba el mundo material, de gente que era capaz de traicionar a su mejor amigo, y a su hermano también, ... con tal de beneficiarse de quien siempre le había dado lo mejor, y le había tratado con todo el amor y el respeto del mundo ... Él no podía comprender esto, en su limitada mente no era capaz y esto le producía una desazón y una tristeza enormes, que los demás no le correspondieran de la misma manera, y mientras que la depresión había comenzado a hacerse espacio en su alma.
Higuera loca (Saucedilla/Cáceres). Autor de la foto: Lito Encinas
(dedicado al Capitán Alatriste y a la Condesa de la Higuera)
Y ÉL SE ILUMINÓ BAJO UNA HIGUERA
Un día, cansado como estaba de todo, quiso encontrar la iluminación, había leído libros que hablaban de esto y de que así se podía evitar el sufrimiento de las personas, y en este caso de él, harto de todo y de todos como estaba. No sabía bien cómo hacerlo y se dijo, "bueno, haré como hizo alguien muchos años atrás, me sentaré bajo una higuera" ... Era verano, en pleno mes de agosto y hacía mucho calor, así que pensó que sería lo mejor porque la higuera estaba cargada de hojas y le darían buena sombra, una tontería porque durante la noche no hay sol ... Le habían dicho que con una noche sería suficiente para alcanzar la iluminación, una noche oscura como se suponía que debía ser para el alma, y también para el cuerpo, en una noche oscura de Luna Nueva.
Pensando en esto se fue a un higueral donde podía encontrar la higuera que más le gustara, y encontró una cargadísima de hojas y de higos maduros, y no se lo pensó dos veces, al anochecer se sentó bajo la higuera, en posición de loto, no podía mover el cuerpo ni las manos, ni la cabeza, ni el culo. Antes de esto hizo pis y caca bajo otra higuera, no bajo la que él había elegido, y es lógico, al ser una noche oscura podría sentarse sobre la mierda y joderlo todo. Ya después se colocó bajo su higuera, se sentó y entrecruzó sus piernas, poniendo ambas manos sobre sus rodillas, ... y a esperar la iluminación, era cuestión de solo una noche y esto no mata a nadie.
Cerró los ojos, en espera de la iluminación, y mientras tanto no podía moverse, esto le habían dicho, y esperó ... Al poco rato le cayó un higo en la nariz, estaba ya muy maduro y al suelo cayó después, él hubiera querido comérselo pero no podía moverse, y esperó, y le cayó otro higo en la cabeza, y que después rebotó al suelo, y a joderse ... Al poco comenzó a sentir un picor que le subía por las piernas, no sabía lo que era pero al momento pudo entender que eran hormigas, le subían hasta sus partes más pudendas, pero no se podía mover, y esperó, mientras que seguían cayendo más higos sobre su nariz y sobre su cabeza, y esperó la iluminación, ... mientras que solo podía oler el perfume de la higuera.
Los picorcillos de las hormigas iban en aumento, eran más insoportables, pero él esperó, debía hacer un sacrificio porque nada es gratis y bueno, a esperar, pero esto no se lo habían contado, nadie le dijo que sufriría el martirio de las hormigas y tampoco el de los higos, y esperó la iluminación, se trataba solamente de una noche, era una noche de verano que siempre son más cortas que las invernales, y esperó. Un poco después comenzó a sentir que algún bicho estaba paseando por su brazo, no sabía lo que era y tampoco podía abrir los ojos para averiguarlo, por el tacto sintió que era una culebra y no podía moverse, así que a joderse, y así que siguió esperando hasta que amaneciera.
Ya habían pasado un par de horas y estaba hasta las narices, entre las hormigas, los bichitos que se paseaban por sus mondongos, por su nariz, por su cara, por sus piernas, por sus manos y por todo su cuerpo, le estaban amargando la iluminación, pero pensó que era parte del sufrimiento que debemos tener hasta alcanzar la iluminación, y siguió esperando la llegada del alba ... Mientras tanto no podía rascarse, ni los mondongos ni otros lugares, no podía espantar a los bichitos y tampoco podía comer los higos que seguían cayendo sobre su cabeza, y mientras que sintió un mordisquito en un pezón, y posiblemente era un ratolín de campo, pero él siguió soportando todo esto ... Ya no hablemos de los mosquitos, le estaban dejando la cara y el cuerpo acribillado de picotazos, menos mal que se había puesto calzoncillos y en esa zona no podían hacerlo.
Por si no fuera poco también le caían las mierdecillas de los pájaros que anidaban en la higuera, o las cagarrutas como también se suele decir, eran bastante líquidas, pensó que los pájaros no hacían pis y aprovechaban las cagarrutas para hacerlo ... Un par de horas más tarde comenzó a soplar el viento, no le importaba porque no hacía frío y tal vez con el viento se marcharan las hormigas, pero no sucedió esto, sino que al poco rato comenzó a llover, era una de estas típicas tormentas veraniegas, que dejan caer muchos litros de agua en poco tiempo, pero no le importó, y siguió esperando la iluminación. El problema es que aquel campo se convirtió en un barrizal y tenía todo el cuerpo mojado, tenía frío pero no podía moverse de su lugar, debía seguir esperando la iluminación, mientras que las babosas, ya se despertaban de su sequedad y comenzaban a arrastrarse por su cuerpo.
Y mientras él estaba con sus ojos cerrados y el cuerpo acribillado por las hormigas, los mosquitos, los bichitos, los higos, y por tantas cagarrutas de pájaros, sintió que se iluminaba, ¡¡un resplandor entraba por sus párpados!!, en ese momento se sintió muy feliz, ¡¡por fin le llegaba la iluminación!!, después de tanto sacrificio como él había hecho, al pasarse toda la noche bajo una higuera y sufriendo lo que había sufrido ... Y efectivamente, y entonces abrió los ojos y pudo darse cuenta de que el sol aparecía por el horizonte, tanta luz le deslumbraba, ya se había acabado la noche oscura del alma y del cuerpo, y por fin podía levantarse y sacudirse las hormigas, las arañas, los ciempiés, y quitarse tres garrapatas que le estaban chupando la sangre. dos en los sobacos y otra en un testículo.
Y SE DESPERTÓ EL DRAGÓN QUE ÉL GUARDABA BIEN ADENTRO
No hay nada como hacer un gran sacrificio para vernos iluminados ... Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, y él se iluminó bajo una higuera, y fue feliz por verse iluminado, él no comió perdices, pero pudo comerse un mogollón de higos, lo cual le produjo una diarrea impresionante, que le limpió sus intestinos, y en esta ocasión sí lo hizo bajo la higuera de la meditación, ¡¡y ya se cagaba en todo y en todos!!, incluidos los pájaros, mosquitos, hormigas, ciempiés, culebra, ratolín y garrapatas ... Entre todos ellos le habían iluminado su mente, al ver tantas culebras y víboras como hay entre la gente, al ver tantos moscones, chupópteros, vampiros y garrapatas como hay entre la gente, que le chupaban la sangre, y al ver tantas babosas, hormigas y ratas que le robaban la vida, mientras que él no se comía ni un solo higo, y mientras que él hacía tantos sacrificios por los demás.
Reservados los derechos de autor. D.F. Nomemientas Gavilán.
"No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias, y que después de una ardua investigación se manifieste de acuerdo con tu razón, y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, acéptala como la verdad y vive de acuerdo a ello." (Buda)
Reservados los derechos de autor. D.F. Nomemientas Gavilán.
"No creas en cualquier cosa porque te enseñen el testimonio escrito de un viejo sabio. No creas en cualquier cosa porque provenga de la autoridad de maestros y sacerdotes. Cualquier cosa que esté de acuerdo con tus propias experiencias, y que después de una ardua investigación se manifieste de acuerdo con tu razón, y conduzca a tu propio bien y al de todas las cosas vivientes, acéptala como la verdad y vive de acuerdo a ello." (Buda)
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